Por la Goma Archive

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La historia se repitió en la Serie del Caribe

Mari Montes – Sin ánimos de anticiparnos a lo que finalmente ocurrió, la semana pasada nos preguntamos  si sería posible la sobrevivencia de la Serie del Caribe. Lo ocurrido en  Puerto Rico en 2011 nos hacía sospechar que, como en el tango “Por la vuelta” de Enrique Cadícamo: “La historia volvería a repetirse” y hubo temor sobre el éxito de un evento que en el pasado fue comparado con la “Serie Mundial”, pero de las ligas del Caribe.

Los hechos hablaron por sí solos. Notables y pavorosos vacíos en el estadio “Quisqueya”; ni la enconada rivalidad entre boricuas y dominicanos logró plenar el parque. Es probable que el patrocinio haya satisfecho a los organizadores, pero lo que vimos está muy lejos de parecerse a lo que alguna vez significó la Serie del Caribe.

Un campeón que se tituló recibiendo nueve ceros, un eliminado que pintó de blanco al campeón, un mánager que dijo que el equipo que él mismo ayudó a conformar era “el peor”, un comité organizador que de nuevo prometió que se harán los cambios para evitar otra serie para el olvido, declaraciones casi calcadas de otras que ya habíamos escuchado en ediciones anteriores.

Entonces es mejor quedarse con las magníficas jugadas de  Miguel Rojas, con sello “Norven”, hecho en Venezuela con calidad de exportación, jugadas que nos recordaron a Omar Vizquel y a Oswaldo Guillén, comparables a las que ejecutan Asdrúbal Cabrera  o Elvis Andrus y con todo el tiempo por delante para estar entre los mejores, en la élite de los torpederos venezolanos, que siempre están por encima del promedio. Nos quedamos con los batazos de Luis Jiménez, Héctor Giménez y César Suárez, los únicos capaces de volar la cerca del difícil estadio de Santo Domingo. En las redes sociales se hicieron predicciones y ganaron quienes apostaron por el de Bobare, el único venezolano que la ha desaparecido en el Universitario. Era de esperarse que sería él.

Dejó un buen sabor, al final de los malos ratos, tener a cuatro jugadores, tres de ellos criollos, en la lista del “Todos Estrellas” y que al final los Tigres regresaran con el récord nivelado en una Serie a la que se llegó con un equipo desdibujado.

De nuevo surgen propuestas: cambio de fecha, inclusión de otros países, exigencias a MLB…

La pregunta que nos hicimos días atrás sigue sin respuesta ¿Sobrevivirá la Serie del Caribe?

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En el beisbol todo está por ocurrir

Mari Montes – Estos son días especiales, emocionantes. Uno de los mejores momentos de la temporada, cuando esperamos escuchar por primera vez la voz de “play ball”.

Citando a un personaje de la excelente película “Juego perfecto”, todos estamos empatados en el primer lugar.

Como dijo el lanzador, miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, Early Wynn:  “Un juego inaugural no es como cualquier otro juego. Hay una emoción extra, el corazón late más rápido. Uno sabe que cuando gana el primer juego, ya no puede perderlos todos”.

El optimismo por estos primeros días no es pose, incluso si se pierde el primer juego no es motivo de preocupación. “El primer maíz es de los pericos”, dicen los derrotados para restarle importancia al triunfo de los otros.

Quienes pueden andan estrenando las nuevas galas y cualquier artículo que ratifique su fanatismo es una necesidad.  Las agendas cambiarán en función del calendario del equipo.

Si alguien cumpleaños un viernes en la noche, por ejemplo, pues tendrá que esperar hasta que termine el juego para compartir con sus amigos que fueron al estadio y soportar que lleguen un poco exaltados, contando lo que pasó, como si a alguien más le importa, probablemente vestidos con el pantalón con el que salieron a trabajar en la mañana y la camisa de su quipo…

A partir de ahora las oficinas se verán diferentes, los titulares más despiadados serán el papel tapiz y nadie se salvará cuando pierda su equipo.

“Verdugo no pide clemencia” será un dicho que escucharemos a menudo.

Para muchos comienza la navidad que se prolongará hasta enero…

La encuestadora IVAD, según reveló el presidente de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, José Grasso Vecchio, hizo un estudio en todo el país y el resultado determinó que casi el 90 por ciento de los venezolanos somos aficionados al beisbol.

Así que prepárese ese 10 por ciento para ser tolerante, porque es justo reconocer que podemos llegar a ser muy fastidiosos para quienes no se emocionan con un batazo que parece que es jonrón pero que es foul o con un corredor que vuela con la intención de abrazar quieto la tercera base.

Quienes tienen por pareja a una fanática o fanático del beisbol, deberán tener paciencia, habrá días estupendos, el humor perfecto para solicitar cualquier capricho, pero habrá otros  días en los que andarán con mala cara y pelearán con el televisor o el radio. Parecerán cosas de locos.

Y esa derrota del primer día que parece que no importa mucho…aquel “maíz” pesará toneladas para los que dependan de un juego para llegar a enero, pero mejor no nos adelantemos, faltan pocas horas para que comience el beisbol, todo está por ocurrir.

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Joe ‘Descalzo’ Jackson, el desterrado

Mari Montes – Joe “Descalzo” Jackson mira maravillado el campo al lado del sembradío de maíz y pregunta a Ray Kinsella:

- ¿Es esto el cielo?

-¡No, es Iowa! –contesta el dueño del estadio, interpretado magníficamente por Kevin Costner al personaje que encarna Ray Liotta, “Shoeless” uno de los mejores bateadores de toda la historia, un hombre cuya leyenda crece a medida que ha pasado el tiempo desde que fue expulsado para siempre del beisbol, por haber formado parte de los ocho hombres que “vendieron” la Serie Mundial de 1919. Los “Medias Negras” de Chicago.

Para que tengamos una idea de lo que significaba Jackson como bateador, el mismísimo Babe Ruth admitió estudiaba el estilo del “Descalzo” “era suficientemente bueno para mi: dijo una vez.

No pocos aseguran que fue un jugador completo, de esos que hacen todo en forma sobresaliente. Se habla de él, de Ty Cobb y Willie Mays cuando se trata de resaltar a quienes han podido estar muy por encima del promedio en cada fundamento de juego y aún más allá, en los intangibles que no recogen las estadísticas.

Eddie Collins, uno de los mejores jugadores del beisbol, le dijo una vez a Ted Williams, bateador de dotes extraordinarias, cuando fue su coach: “Lo único parecido a Joe Jackson que he visto eres tú”.

Aún hoy el mundo del beisbol, los mayores, los contemporáneos y los más jóvenes que se enteran de sus historia sólo revisando los números, coinciden en que la condena perpetua a la que fue sentenciado por el juez Keneseaw Mountain Landis, primer comisionado del beisbol, cuando se comprobó que Jackson y otros siete jugadores de los Medias Blancas, aceptaron dinero a cambio de jugar para que el equipo perdiera. Se repartieron cien mil dólares y todas las culpas.

Sabemos que recibió dinero, aquellos Medias Blancas le pidieron montones de veces al dueño del equipo, Charles Comiskey que les pagara mejor, que tenían compromisos familiares. Comiskey era un miserable.

Aunque nada justifica la acción, esa necesidad se desvió para convertirse en uno de los episodios meas despreciables de la historia del juego. Los jugadores aceptaron el dinero y jugaron, como se dice en argot “para atrás”.

Sin embargo los números de “Descalzo” evidencia otra cosa y certifican lo que todo el mundo dice, que era un jugador que entrega el alma, así que no podía entregar un juego,

Joe Jackson jugó la Serie Mundial, sin cometer errores, bateó para .375, tres dobles, un triple, cuadrangular y fue líder en carreras impulsadas para Chicago

Una versión indica que no cobró, otra que si lo hizo pero que cuando quiso devolver el pago no lo aceptaron y la que es cierta sin dudas es que lo advirtió a Comiskey y éste, con la prepotencia que lo caracterizaba, no le hizo caso.

Los ocho implicados fueron sentenciados de por vida al destierro del beisbol. De todos, Joe Jackson siempre ha sido defendido.

El mismísimo Ted Williams dijo en una oportunidad: “Joe, que no hizo nada, pagó su sentencia y porque no se pueda resucitar a Landis (ya que debe ser el mismo Comisionado que sentenció quien revise y suspenda la medida) no puede andar así eternamente…me da asco cada vez que veo debajo de mi placa y a pocos centímetros la de Comiskey y el Descalzo todavía esperando afuera.”

Pero el destierro ha sido únicamente de los registros oficiales, su historia es innegable y con los años, su leyenda sólo ha servido para que muchos de los que nacimos después, incluso de su muerte, ocurrida el 5 de diciembre de 1951, lo tengamos entre nuestros favoritos.

Ahora que vemos estrellas bajo sospecha o confesos de haber usado esteroides y otras conductas deplorables, se nos hace difícil entender que persista el destierro, pero así será hasta el fin de los días.

Una de los momentos más conmovedores de “Campo de Sueños”  es este diálogo entre Jackson y Kinsella:

“- ¿Apuesto a que es bueno jugar de nuevo, verdad?-le pregunta Ray Kinsella (Kevin Costner).

- Haber sido expulsado del beisbol fue como si me hubieran amputado una parte del cuerpo. Me han dicho que algunas personas se despiertan con sensación de comezón en las piernas, cuando tiene 50 años que les fueron amputadas. Así me pasa a mí. Me despierto en la noche con el olor de los parques de pelota en mi nariz, la frescura del pasto en mis pies. La emoción del pasto –responde “Descalzo”

Y siguió -Amo este juego, habría jugado sólo por comida. Jugaba por amor el juego, los sonidos, los olores. ¿Alguna vez has sostenido una pelota o un guante frente a tu cara?

Sí- respondió orgulloso Kinsella

Y terminó Joe diciendo

-Amaba viajar en tren de ciudad en ciudad. Los hoteles con sus lujosos vestíbulos y las camas de latón en los cuartos. La gente en el estadio, de pie cuando una bola es conectada a la parte lejana de los jardines. ¡Maldición! hubiera jugado gratis”.

Joe Jackson, un día como hoy dio su último imparable…al año siguiente fue expulsado para siempre de los registros oficiales, no tiene derecho a ser miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, pero no ha sido posible desterrarlo del corazón del beisbol.

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El 23 de agosto en el beisbol

En 1909, en American League Park en Washington, D.C, Los Medias Blancas sumaron 19 juegos ganados en fila al derrotar 4×1 a los Senadores y establecieron un nuevo record.

En 1936, el novato de 17 años, Bob Feller, ponchó a los 1eros 8 bateadores que enfrentó en la que fue su primera apertura en las GL. Terminó el juego con 15 abanicados.

En 1958, Gil Hodges conectó su decimocuarto Grand Slam y estableció un nuevo récord de la Liga Nacional.

En 1972, junto a Jimmie Foxx, Greenberg Hank, y Alex Johnson, Dick Allen se convirtió en el 4to jugador de las Mayores que envía una pelota en las gradas del jardín central del Comiskey Park.

En 1989, Pete Rose, manager de Cincinnati, aceptó la suspensión del beisbol de por vida, después de los alegatos presentados por el Comisionado Bart Giamatti. Después de una larga investigación,  Bart Giamatti mostró pruebas a Rose de su vinculación con los corredores de apuestas y este aceptó la sanción.

En 1999, uniéndose a Babe Ruth y Mark McGwire, Ken Griffey Jr. se convirtió en el 3er jugador en la historia de las Grandes Ligas con 200 jonrones en un lapso de 4 temporadas.

En 2001, Randy Johnson se convirtió en el 1er lanzador con 300 ponches en 4 temporadas consecutivas. Ponchó a 16 Piratas y ganaron los D’Backs 5×1.

En 200, con su victoria 1.150  como manager de los Yankees, Joe Torre pasó a Casey Stengel en el 2do lugar de la historia de juegos ganados por los pilotos de la franquicia. Joe McCarthy ocupa el primero lugar de la franquicia con 1.460 ganados durante sus 16 años de permanencia como manager.

Las citas de hoy, son de Bart Giamatti, el Comisionado que tomó la decisión de expulsar a Pete Rose de por vida del beisbol.

Bart Giamatti

 

“El destierro de por vida de Pete Rose del el béisbol es un triste final, si, un lamentable episodio. Uno de los mejores jugadores se ha involucrado en una variedad de actos que han manchado el juego, y ahora tiene que vivir con las consecuencias de esos actos. No hay absolutamente ningún acuerdo de readmisión”.

“En cuestiones de raza, en materia de la decencia, el béisbol debe liderar el camino”.

“Hay un montón de gente que me conoce que no puede entender por qué me puse a trabajar en algo tan poco serio como el béisbol.. Si lo supieran.”

“No hay nada malo que se derive de béisbol”.

“La cosa más grande que he aprendido es el impacto enorme que este juego tiene en la gente, la medida en que es muy importante”.

“Llámalo como quieras, la huelga es una locura total. Es un acto de desafío contra el pueblo estadounidense” a propósito de la  huelga de 1981

“La gente dice que soy un idealista, eso espero” .

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Cooperstown, el olimpo del juego

Vista externa del salón de los inmortales del béisbol

Mari Montes – Cooperstown es un pueblo pequeño del estado de Nueva York, en cuya calle principal está el Museo del Beisbol y Salón de la Fama del Beisbol. Está a 4 horas de Manhattan y se puede llegar en tren. Para hospedarse no hay mucho, pero existen estos albergues de “cama y desayuno” que soy económicos e ideales para quedarse en el propio Cooperstown, sino hay que ir a Albany que tiene facilidades hoteleras para escoger y está muy cerca.

Para quienes amamos el beisbol, debe ser uno de los mejores sitios del mundo en cualquier época del año.

Hay tiendas para comprar cuanta cosa se nos ocurra, un llavero, toda clase de ropa, decoración navideña para el arbolito, alfombras, espantapájaros, lámparas,  lencería, accesorios y hasta pasta en forma de bates, guantes o pelotas.

Si se visita en septiembre, por ejemplo, el clima está estupendo, comenzando el otoño, con pocos visitantes y puede recorrerse con bastante tranquilidad. El Museo y Salón de la Fama requiere de varias horas, incluso sería recomendable dos dias para poder disfrutar de todo cuanto hay.

Primero está el Museo, centenares de objetos que nos cuentan la historia del juego, la más emocionante e inolvidable o el “teatrino”,  donde hay que llegar con una caja de pañuelos porque es muy conmovedor lo que pasa ahí.

Hay libros, pinturas, fotografías, películas, animaciones, sonidos de grandes momentos, personajes. Como dice el lugar común, es el “Olimpo del beisbol”.

La galería de los inmortales, donde están las placas que resaltan las trayectorias de sus moradores hay que recorrerla con tiempo. Ahí está Luís Ernesto Aparicio Montiel y cuando uno se detiene allí, a leer las razones por las que fue exaltado, es como “cruzar el puente”.

Visitarlo sin muchos visitantes es ideal, porque tiene uno espacio y tiempo.

Depende claro del gusto del aficionado, porque en el fin de semana de exaltación, conocido como el “HOF Weekend”  el pueblo es un disparate, casi no se puede andar, porque desde todas partes llegan fanáticos a ver la incorporación de los nuevos miembros.

El Museo está repleto de gente y por momentos es difícil caminar o detenerse a ver algo.

Pero nunca pierde el encanto, el momento de la exaltación siempre es inspirador y emocionante y además pude tenerse la suerte de toparse con un inmortal, porque ese fin de semana están muchos de ellos y se hacen jornadas de autógrafos.

El fin de Semana del Salón de la Fama termina el lunes, con un juego en el “Doubleday Field” que debe ser uno de los parques de beisbol más bellos del planeta.

Sentados en sus tribunas, después de tanta pelota, uno concluye que si bien en Cooperstown no se inventó el beisbol, así debió ser.

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Un recuerdo caraquista entre Mis Barajitas: El Universitario

Mari Montes – Desde que camino, si no antes, lo conozco.

Todos los caraqueños o quienes vienen a Caracas lo han visto sobresaliendo a un lado de la autopista, con el letrero de Savoy detrás, a la orilla del río, a un lado de María Lionza.

Cuando hay juegos de noche y las luces están encendidas, el resplandor se ve desde la recta de Bello Monte, pero si uno viene bajando por Colinas, la vista es cenital y se disfruta completo, se ve esplendoroso.

Yo lo he visto desde todas partes. Cuando era chiquita, desde que pasábamos Sears estaba pendiente del instante en que aparecieran las torres de luz.

Me conmueve cómo mi hijo Daniel ha sido igual desde la primera vez que lo llevé a un juego, tendría 10 meses de edad, pero era de noche y el sólo miraba hacia las luces.

El Universitario es uno de mis sitios favoritos.

Cuando papá tenía un juego los sábados y me llevaba con él, al terminar la práctica me bajaba al terreno. Conocía los recovecos, sabía dónde guardaban la cal, los backstops, los tobos de pelotas rojitas de tanto uso y aporreadas…

Papá metía el carro hasta adentro y si era temporada tenía que sacarlo cuando comenzaban a llegar los peloteros, a los que saludaba y me presentaba, era una gozadera acompañarlo, porque era posible disfrutar de ese momento previo al juego.

La preparación de la fiesta, las cervezas en las neveras, los vendedores arreglando sus chucherías deliciosas, el olor a fritanga que viene del puente, los jugadores en el terreno iniciando sus estiramientos…

El Estadio Universitario es nuestro templo de beisbol, ahí han ocurrido hazañas inolvidables, juegos si hits ni carreras, jonrones, jugadas de triple play, robos de home, ponches espectulares, se han establecido récords, han debutado centenares de novatos, todo lo posible en beisbol, menos un juego perfecto, ha tenido el Universitario como escenario.

Más allá de todo eso o por todo eso y más, es un sitio que embriaga. Sí, es verdad que las energías se quedan en los lugares, por eso ahí están todas las emociones juntas.

En el Universitario, entre pitcheo y carreras, no son pocas las historias de amor que han comenzado. Es un sitio romántico, que se los digo yo, que me encontré con mi esposo Daniel una noche de derrota para el Caracas. Excusa perfecta para el primer abrazo.

Algunos piensan en el estadio y les huele a parrilla, a mí a las naranjas peladas que vendían en la entrada “D”.

El estadio es  el “Corneta Lezama”, el mejor fanático que pueda tener equipo alguno. Está con el Caracas desde que era el Cervecería, y es quien toda la vida ha animado a las tribunas con sus cantos y su corneteo. Ese no pierde la fe, si por él fuera, por todo lo que hace, quiero decir, el Caracas jamás habría perdido un juego de pelota, mucho menos contra el Magallanes.

Tengo tiempo que no lo veo, desde que inventaron los abonos VIP, pero hasta no hace mucho había un cervecero, Rómulo, que cantaba boleros mientras servía. Si el juego se ponía fastidioso, Rómulo salvaba la noche con Agustín Lara.

De mis recuerdos más espectaculares en el estadio, siendo aún sólo fanática, está la noche del no hit no run de Urbano Lugo hijo, el célebre juego con el que le ganamos la final a los Tiburones de la Guaira, aquella “guerrilla” de Pérez Tovar, Alfredo Pedrique, Carlos “Café” Martínez, Luis Salazar, Gustavo Polidor, Norman Carrasco y Oswaldo Guillén, para sólo nombrar a los criollos.

Fue una noche de grandes jugadas defensivas, como siempre en este tipo de hazañas, y Andrés Galarraga sonó cuandrangular por todo el medio.

En el quinto inning se le embasó Luis Salazar, por error del segunda base Casey Candaele, Bruce Fields negoció boleto en el octavo y en el noveno “Café” llegó a primera por error de Jesús Alfaro.

Yo estaba un poco más allá del bull pen, en la zona de preferencia.

El error de Alfarito fue inquietante, no había out y más atrás venían Norman Carrasco, fuera con rolling a pitcher y Alfredo Pedrique, quien fue dominado con fly a primera. Le llegaba el turno a Oswaldo Guillén. Un turno larguísimo en el que los dos, pitcher y bateador, se hicieron de todo para sacarse de concentración mutuamente. Oswaldo pedía tiempo, Urbano se tomaba el suyo, finalmente llegó el envío a la goma. Oswaldo bateó por tercera, pero esta vez no hubo error, Alfarito aseguró el tiro, visiblemente confiado y disparó al mascotín de Galarraga, cerrando una temporada inolvidable para los caraquistas.

Después Urbano Lugo, hoy en día mi gran amigo, me contó que el error de Alfaro fue intencional. El batazo fue incómodo y Café corría como el diablo, así que el antesalista, temiendo que pudieran llegar juntos, bola y corredor, tiró mal para que no hubiera más remedio que anotar error, para que continuara la magia.

¿Habría llegado quieto Café si Alfarito tira bien? Qué importa, por las razones que sean, fue un error y esa es la historia.

Eso que se llama la felicidad máxima, fue lo que sentimos los caraquistas ese 24 de enero de 1987.

El año siguiente fue aquella seguidilla de las 18 victorias en fila. Yo me empaté en el juego 14, así que los tres siguientes los escuché por radio porque se fueron a Maracay. No había nada mejor que hacer  que estar pendientes del Caracas. Para el 18 regresaron a casa y Ubaldo Heredia era el lanzador, Magallanes su víctima.

Sólo tres hits conectaron los turcos. Fue una noche de buen pitcheo, Caracas hizo sólo una carrera, la única necesaria para concretar uno de los juegos más memorables que se recuerden en Los Chaguaramos…

En el estadio venden unas arepas sabrosisimas, las de Longa, siempre calienticas para rellenar con mucho queso fresco o ricos guisos de caraota o carne mechada.

En ese estadio he conocido a gente maravillosa, no sólo jugadores, sino gente como uno, fanáticos del juego, fiebrúos que prefieren ir a un juego que a una fiesta con Billo´s.

Es un sitio del que uno sale contento y cantando cuando gana y triste y calladito si el equipo pierde.

Un Caracas-Magallanes es lo más emocionante que se pueda vivir, es la rivalidad y ligar como sea a que Melvin Mora se ponche, pero también es la guerra de cantos cuando jugamos contra La Guaira o el ambiente sabroso de un Lara-Caracas al que no va tanta gente y uno grita menos, pero grita igual.

En ese sitio ha crecido el Chino, quien tuvola fortuna de ir  con mi  papa.  De vez en cuando me cuenta que estuvo calentando a “un señor que fue pitcher llamado Luis Peñalver”.

Sus primeros dibujos fueron de las luces del estadio, que no dejan de ser su referencia de la ciudad, para él un sitio queda cerca o lejos del Universitario.

Es el lugar más democrático que existe en el mundo, todos somos igualitos allí, uno del Caracas, otros del Magallanes, de La Guaira, Tigres, Caribes, Cardenales, Águilas o Bravos de Margarita, pero todos estamos ligando ganar y brindamos con un desonocido que a la vuelta de dos días se hace nuestro gran pana, al que a lo mejor no vemos hasta el próximo octubre, pero es con quien hemos compartido un batazo, una cerveza, la tristeza de una derrota y el éxtasis del último campeonato. El día que un pana no va, se nota porque siempre alguien lo extraña…

En el estadio se cierran negocios millonarios. Se enamoran unos y también se montan cachos, hasta cuando transmite la televisión.

Se ven señoras elegantísimas y muchachas que usan tan poca ropa que son capaces de desviar la vista de la bola.

Se ha hecho un gran esfuerzo porque puedan ir las familias, hay más seguridad y las remodelaciones han sido para dar más comodidad a los fanáticos, pero siempre se habla de construir un estadio para Caracas, seguramente es verdad que hace falta, pero el Universitario siempre será el gran templo de nosotros.

 

Es nuestro Campo de Sueños.

Afortunademente no desaparecerá jamás porque forma parte de la Ciudad Universitaria, que es patrimonio de la humanidad y para los beisboleros caraquistas y guairistas, un sitio irrepetible, mágico, el escenario de las más grandes emociones, el terreno donde crecieron nuestros ídolos y crecimos nosotros.

Estoy segura de que es así aunque nunca me he quedado sola toda una noche, cuando se apagan las luces y solo queda la luna que alumbra desde Petare, pero debe haber unas partidas maravillosas, con Baudilio en el home, Gonzalo Márquez en la inicial, Carrasquelito en el campocorto, César Tovar en segunda y Miguel Sanabria en el jardín izquierdo y quién sabe quién más (el que vaya llegando).

Geremy González, Gustavo Polidor y Café Martínez también deben aparecerse alguna noche y el “Loco” Torres debe seguir haciendo señas.

Seguro Carlos Tovar Bracho llega tempranito y comienza como siempre: “Saludos fanáticos” y Delio Amado narra otro jonrón… “La bola se vaaaa, se vaaaaa, se vaaaaaaaaa, jooooooooooooonrron de Baudilio Díaz”.

Musiú, de blanco absoluto, debe compartir unos datos con Carlitos González y este le dirá en algún momento “sin que me quede nada por dentro” y apostará las “Torres de El Silencio” si no viene un toque.

Pedro Padrón Panza y Oscar “Negro” Prieto recorrerán el terreno y las cuevas, verificando que todo esté en orden.

Todos ellos están ahí, siguen ahí, como todos los que han pasado por sus bases o nos hemos sentado en las gradas o tribunas a ligar un ponche.

El Universitario es legendario como el Yankee Stadium, pero el nuestro no lo van a demoler

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Wilson Álvarez: ‘Un regalo de Dios’

Wilson Alvarez en su año de novato

Mari Montes – A la una de la tarde comenzaría la transmisión de “El juego de la semana”, así se llamaba el espacio en el que Venevisión transmitía el juego de beisbol de los domingos. La llave Gonzalo López Silvero en los comentarios y Mario Dubois en l a narración fueron los encargados de llevarnos cada jugada.

Oswaldo Guillén jugaba en la pradera corta y un jovencito de Santa Lucía, estado Zulia, llamado Wilson Álvarez, ascendido a las Mayores por los Medias Blancas el día anterior, sería el abridor contra los Orioles de Baltimore.

Era la segunda apertura del muchacho, su primera aparición fue el 24 de julio de 1989, los Rangers de Texas lo subieron para abrir un encuentro ante los Azulejos de Toronto.  No le fue bien, no pudo sacar un solo out, dio dos bases por bolas, le conectaron tres hits, incluyendo dos jonrones y le anotaron tres carreras.

Al día siguiente lo bajaron a las Ligas Menores y tres meses después fue cambiado a los Medias Blancas de Chicago junto a Scott Fletcher y Sammy Sosa por Harold Baines y  el venezolano Fred Manrique.

Al año siguiente, 11 de agosto de 1990,  Wilson sufrió un golpe durísimo, sobre a todo a corta edad (20 años). A los cinco días de nacido, su primer hijo murió víctima de una infección pulmonar. Sin embargo la fe en Dios se hizo más profunda y pudo seguir adelante.

Continuó su desarrollo en la sucursal triple “A” de los Medias Blancas y el 10 de agosto de 1991 fue llamado para enfrentar a los Orioles en Baltimore.

Así que por esas cosas de la providencia, en el calendario de Wilson, el 11 de agosto no sería sólo una fecha triste.

Estaba tan nervioso:  “como me había ido tan mal en mi juego anterior, estaba inquieto, nervioso, así que dejé olvidado el uniforme en el hotel” .

Se dio cuenta al llegar al Memorial Stadium; enviaron a buscarlo y pronto se escuchó la voz de play ball a cargo del principal Don Denkinger, quince minutos antes fue cuando estuvo listo, así que no tuvo tiempo de calentar como debía.

Desde el principio Wilson recuerda la “adrenalina”. No sólo estaba prácticamente debutando en las Grandes Ligas, sino que ocurría exactamente un año después de la pérdida de su primer hijo, pensamiento que no lo abandonó en toda la tarde.

Cuando Wilson recuerda ese día, saca la cuenta y dice: “tendría 21 años ahorita”.

Antes de empezar el juego, el manager Jeff Torborg le advirtió que debía cuidarse de Cal Ripken y Dwigth Evans, tercero y cuarto bate. En el primer inning ponchó a los tres primeros hombres de Baltimore, incluyendo a Ripken. Abriendo el segundo caminó a Evans, pero Randy Milligan bateó para doble play que encabezó Oswaldo Guillén y el inning terminó con inofensivo rodado de David Seguí.

El tercer capítulo se fue por la vía rápida, igual que los innigs cuatro y cinco; en el sexto se le embasó Leo Gómez por boleto, pero sacó el cero con elevado al centro de Bob Melvin y ponche tirándole de Mike Deveraux.

El séptimo se complicó, con un out Cal Ripken se embasó por error de Ron Karkovice y más tarde dio boleto a Randy Milligan, pero el daño no pasó de ahí.

Ya los Medias Balncas sumaban siete carreras de respaldo a la labor del joven abridor. En el propio primer inning Frank Thomas la sacó con Robin Ventura  a bordo y eso hizo que Álvarez estuviera menos nervioso desde el principio.

El octavo también lo despachó uno, dos, tres…y fue al terminar ese episodio cuando se dio cuenta real de los que estaba pasando. Bob Melvin la elevó por el jardín central y Lance Johnson levantó el guante y le señaló la pizarra.

En el noveno dejó fuera a Deveraux con fly al center y a Juan Bell lo hizo abanicar, el siguiente bateador era Cal Ripken jr, entonces recuerda: “Ron se me acercó y me dijo que no le pichara nada bueno, que si lo perdíamos por boleto no importaba”.

Ripken negoció base por bolas y Karkovice se levantó a decirle:  “vamos a darle la  base por bolas a Evans para enfrentar a Milligan”.

-“Me atacaban los nervios, el último lanzamiento fue una curva contra el suelo, con la que ponché a Randy Milligan”.

En la cabina de transmisión del Memorial Stadium estaba Alfonso Carrasquel en rol de comentarista. “Chico” recordaba el cuidado que tuvieron en no decir que se estaba lanzando un “no hit no run”, esas cosas del beisbol y sus ritos.

En “el juego de la semana” Gonzalo López Silvero y Mario Dubois dejaron de disimular y sonó la marcha de Venevisión, esa que suena cuando ocurren cosas importantes.

Wilson Álvarez miró al cielo y dio gracias Dios por lo que había hecho:

- “Y pensé, te llevaste a mi hijo y me diste este regalo a cambio- y así lo pienso hoy, eso fue lo que más me pasó por la mente”.

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¿Quién es “Lucía, la pelota que soñaba con llegar al Salón de la Fama”?

Mari Montes – Una mañana de mayo de 2010, pasaba por un campo de beisbol y vi unas pelotas que reposaban en un techo; había unas dos o tres, una muy vieja, prácticamente deshecha de tanto sol y lluvia y otras dos que le hacían compañía con el mismo destino.

Entonces me detuve en una plaza cercana al pequeño estadio y anoté en una libreta que siempre llevo en la cartera desde que la escritora Milagros Socorro me dijo que siempre tenía que tener cómo anotar y dónde, es un buen consejo.

Así que escribí “pelotas que envejecen”…”que fueron un jonrón”. Fueron las dos primeras frases, que por cierto, no están en el libro, al menos no dichas de esa forma.

Entonces pensé: no quisiera terminar así y me puse a pensar como una pelota de beisbol. Ser un jonrón debe ser emocionantísimo, ir volando a toda velocidad y pasar el límite y que un gentío se pelee por mi…pero no siempre, no cualquier jonrón.

Aquellas pelotas, por ejemplo, se quedaron ahí y no volvieron a jugar. Eso es lo que pasa con los jonrones, que se van y no juegan más, aunque no todos, porque en una caimanera infantil…”el que la bote la busca”.

Lo cierto es que llegué a la casa y comencé a escribir “Lucía, la pelota que soñaba con llegar al Salón de la Fama”.

Fueron meses escribiendo, borrando, cambiando, consultando, investigando…y resultó entonces la historia de una pelota engreída, que desde que fue hecha cree que su destino es la gloria y que recibirá una gran lección de humildad en uno de los momentos más memorables que ha tenido el juego de pelota.

Está ilustrado por Eduardo Sanabria, “Edo” y editado por Ediciones B. Fue divertidísimo, por cierto, conseguirme con los dibujos de Edo y darme cuenta que, como una batería, nos entendimos perfectamente y sus ilustraciones son hermosísimas.

Para cerrar el cuento, mi querido amigo y futuro habitante del Salón de la Fama, Omar Vizquel, escribió unas palabras que siempre le agradeceré.

Es un cuento que hice para mis hijos, Daniel y Santiago, para contarles cómo se hace una pelota de beisbol, dónde, con qué materiales…y desde allí el recorrido de su ilusión de llegar a ser exhibida en una vitrina del Salón de la Fama y Museo del Beisbol de Cooperstown, Nueva York, a vivir para siempre con los inmortales…

Es además otro homenaje que quise hacer al beisbol de su esencia, la pelota, el nombre del juego que como dijo una vez el poeta Walt Whitman, cuando el beisbol comenzaba a jugarse: “Veo cosas grandiosas en el béisbol. Es nuestro juego. Sacará a la gente de su encierro, los llenará de oxígeno, otorgándoles un mayor estoicismo físico. Tenderá a salvarnos de ser un conjunto nervioso y dispéptico. Reparará nuestras pérdidas y será una bendición para todos nosotros.”

Los beisboleros siempre encontramos una buena razón para hablar de pelota…si no la inventamos.

Espero que la historia les guste.

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El dueño de los Leones

Mari Montes – El Caracas puede comprarlo quien quiera, puede ser de quien sea y la verdad verdadera es que ese equipo es de los caraquistas.

Igual sucede con el Magallanes, que no es de nadie desde que es una fundación, o los Tigres o Cardenales. Con todos, igual para los fanáticos de las Águilas, Tiburones, Caribes o Bravos. Los equipos son de sus fanáticos, quienes incluso pueden ser los dueños legalmente hablando.

Al final, quienes manejan los equipos son, además de los señores que ganan o pierden dinero, los receptores de los reclamos de nosotros, los dueños sempiternos, los que nos desvelamos en una mala racha y llegamos a llorar viendo a un hombre dar la vuelta al cuadro para anotar la del gane.

Si hay un señor que gana plata, chévere, los fanáticos queremos ganar juegos…

Esta mañana los caraquistas amanecieron alborotados con el tubazo de Alfredo Villasmil en Últimas Noticias sobre la venta del Caracas. Ahora el equipo es únicamente de una empresa de Ricardo Cisneros, a decir verdad, el hermano que siempre está en el estadio, sin mucho escándalo, que uno lo ve pararse a ligar un ponche y que parece mortificarse, no como dueño, sino como aficionado al equipo.

En cambio su hermano Gustavo, nunca se me olvida, cuando quedamos campeones en 2006, dijo en una entrevista en el terreno a los minutos de ganar “Los Caracas”…alguien dirá que era emoción, yo creo que todo lo contrario, que un caraquista nunca diría eso, ni un magallanero “los Magallanes”…creo que para él era un negocio y hay que decir que estos años han sido buenos, aunque no tanto como para los Tigres de Aragua…

Lo cierto es que creo que no debe haber cambios dramáticos, Ricardo Cisneros se encargará del negocio y los equipos ganadores suelen ser buenos negocios. Además es caraquista, le duele el equipo. A lo mejor no lo chalequean como a nosotros, cuando el equipo pierde, pero siempre está pendiente.

El Caracas, cuando era el Cervecería, era de Martín Tovar Lange, luego fue de Oscar “Negro Prieto” y Pablo Morales, comenzando el siglo lo compró la Organización Cisneros y ahora es de uno de los hermanos, Ricardo Cisneros.

Y bueno, como dije al principio, el Caracas en verdad es de los Caraquistas que sufrimos en la piel cada derrota, porque cada derrota es una burlita, una chapa, una canción…

Suerte al señor Cisneros, la administración de Luís Ávila y quienes lo acompañan ha sido eficiente, esperamos los caraquistas que todo sea para mejor…se pueden inventar muchas cosas.

Esperemos que por el bien de todos los equipos, no sólo de los Leones, la ejecución del artículo 66 de la Ley orgánica del Deporte no afecte a la LVBP como la conocemos.

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“Está en tercera… y batea Tony Gwynn”

Tony Gwynn

Mari Montes – Es sabido que los beisboleros, para explicar que alguien está muy mal, grave, muy cercano a morir, dicen: “Fulanito de tal está en tercera y batea… (aquí ponen al mejor bateador del momento).

La primera vez que le escuché la frase a mi papá, el bateador de turno era el panameño Rod Carew, ganador de siete títulos de bateo en las Grandes Ligas.

La descripción de la gravedad siempre es igual, el enfermo está en tercera, muchas veces y casi siempre sin out y viene a consumir turno un habilidoso bateador…supongo que alguna vez fue Pete Rose y antes Ty Cobb y Honus Wagner.

A mediados de los años ochenta el “verdugo” capaz de hacer que el hombre anotara fue Tony Gwynn, uno de los mejores bateadores de la historia del juego. No porque lo digan sus números;  su impresionante .338 de average de por vida,  los 3.141 imparables que dejó registrados,  los 8 campeonatos de bateo que consiguió, las 15 participaciones en Juegos de Estrellas, las 319 bases robadas o los 5 Guantes de Oro que ganó como jardinero, sino porque todo eso ocurrió gracias a su inteligencia, rigor, disciplina, constancia, condiciones físicas, talento y videos…

Gwynn fue uno de los primeros bateadores que utilizó el video como herramienta para mejorar su destreza con el bate. Pasaba horas estudiando su swing, analizando cuáles lanzamientos le hacían daño y cuáles conectaba mejor. Estudiaba a los lanzadores que enfrentaría y se dedicaba a superarse a si mismo de un turno al otro.

El 28 de junio de  2001 Tony Gwynn anunció que se retiraría al terminar la temporada y en 2007 ingresó al templo de los inmortales con el 97. 6 por ciento de los votos de la Asociación de Escritores de Beisbol. Pertenece a la misma “Clase de 2007” de la que también es miembro Cal Ripken jr.

Fue un jugador extraordinario y además un pelotero ejemplar fuera del estadio, cualidad reconocida con los tres premio que otorga MLB a quienes destacan por su calidad humana. Ganador del premio “Roberto Clemente” otorgado a los jugadores que han demostrado solidaridad con la sociedad. También el “Lou Gehrig” que se le da a quienes además de ser extraordinarios jugadores, trabajan fuerte en beneficio de su comunidad y el “Branch Rickie” que también premia a quienes participan activamente en programas sociales.

Padeció cáncer y así como hacía con los pitchers contrarios, resultó el ganador. A principios de este año, los beisboleros recibimos la buena nueva de que Tony Gwynn salió airoso en el difícil turno.

De Tony Gwynn “Mister Padre”, dijo Bruce Bochy “Fue uno de los mejores jugadores que he visto, y fue probablemente el más inteligente y más dedicado”.

Así que ya puede usted imaginar cómo está el paciente, si escucha que dicen, como se dijo alguna vez:  “está en tercera y batea Tony Gwynn”…