Vista externa del salón de los inmortales del béisbol

Mari Montes – Cooperstown es un pueblo pequeño del estado de Nueva York, en cuya calle principal está el Museo del Beisbol y Salón de la Fama del Beisbol. Está a 4 horas de Manhattan y se puede llegar en tren. Para hospedarse no hay mucho, pero existen estos albergues de “cama y desayuno” que soy económicos e ideales para quedarse en el propio Cooperstown, sino hay que ir a Albany que tiene facilidades hoteleras para escoger y está muy cerca.

Para quienes amamos el beisbol, debe ser uno de los mejores sitios del mundo en cualquier época del año.

Hay tiendas para comprar cuanta cosa se nos ocurra, un llavero, toda clase de ropa, decoración navideña para el arbolito, alfombras, espantapájaros, lámparas,  lencería, accesorios y hasta pasta en forma de bates, guantes o pelotas.

Si se visita en septiembre, por ejemplo, el clima está estupendo, comenzando el otoño, con pocos visitantes y puede recorrerse con bastante tranquilidad. El Museo y Salón de la Fama requiere de varias horas, incluso sería recomendable dos dias para poder disfrutar de todo cuanto hay.

Primero está el Museo, centenares de objetos que nos cuentan la historia del juego, la más emocionante e inolvidable o el “teatrino”,  donde hay que llegar con una caja de pañuelos porque es muy conmovedor lo que pasa ahí.

Hay libros, pinturas, fotografías, películas, animaciones, sonidos de grandes momentos, personajes. Como dice el lugar común, es el “Olimpo del beisbol”.

La galería de los inmortales, donde están las placas que resaltan las trayectorias de sus moradores hay que recorrerla con tiempo. Ahí está Luís Ernesto Aparicio Montiel y cuando uno se detiene allí, a leer las razones por las que fue exaltado, es como “cruzar el puente”.

Visitarlo sin muchos visitantes es ideal, porque tiene uno espacio y tiempo.

Depende claro del gusto del aficionado, porque en el fin de semana de exaltación, conocido como el “HOF Weekend”  el pueblo es un disparate, casi no se puede andar, porque desde todas partes llegan fanáticos a ver la incorporación de los nuevos miembros.

El Museo está repleto de gente y por momentos es difícil caminar o detenerse a ver algo.

Pero nunca pierde el encanto, el momento de la exaltación siempre es inspirador y emocionante y además pude tenerse la suerte de toparse con un inmortal, porque ese fin de semana están muchos de ellos y se hacen jornadas de autógrafos.

El fin de Semana del Salón de la Fama termina el lunes, con un juego en el “Doubleday Field” que debe ser uno de los parques de beisbol más bellos del planeta.

Sentados en sus tribunas, después de tanta pelota, uno concluye que si bien en Cooperstown no se inventó el beisbol, así debió ser.

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About the author

Es locutora con 20 años de trayectoria. Columnista del cuerpo de deportes del diario El UniversalMari Montes

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